miércoles, 9 de abril de 2008

El mal del jugador solitario

Los problemas hay que afrontarlos de frente. Así que he decidido que hoy voy a revelar unos de mis secretos PEOR guardados. Los juegos de mesa.

Los que me conocen saben de mi enfermiza afición a los juegos de mesa. Me encantan los tableros, las cartas, las fichas, los dados, los cubiletes...Pero mi felicidad no es completa debido a que padezco el “mal del jugador solitario”. Esto quiere decir que no encuentro con quien jugar y lo que es mucho peor cuando lo propongo la gente me mira como si tuviera 5 años. ¡Pues no! Soy una persona adulta a la que le gustan los juegos de mesa.

Es muy triste el “mal del jugador solitario” imagínense que están jugando a la oca (por poner un ejemplo que conozcamos todos). Como estas solo, sales tú. Tiras el dado. Cuentas. Y luego que. Pues luego nada porque nadie tira el dado y hasta que no tiren los demás tú no sigues. Que triste es de imaginar, pero más triste es estar sentado ante un tablero con fichas, dados, cartas y sin gente. Solo puedo decir que envidio al que en el anuncio se llevaba el Scatergoris, por lo menos el tenía con quién jugar (y se dejaban hacer trampas y todo).

Una solución es mi personalidad múltiple que siempre me ayuda en estos casos. Tengo la extraordinaria habilidad de ocultarme información y sorprenderme con mis decisiones. Es más, son numerosas las veces que me gano a mi mismo, y sin hacerme trampas (ante todo hay que ser honesto con el juego).

Afortunadamente para mi y por desgracia para mi novia, existen juegos a los que se puede jugar con alguna variante en solitario, o que están concebidos para un jugador solo. En los enlaces que dejo abajo hay una solución para los que tienen este gran problema al que la sociedad da completamente la espalda. Son listas de juegos para gente en mi situación pero con una inmensa capacidad para ser felices.

Always alone... the definitive list of single player games.

Free PnP Solitaire Wargames estos los imprimes y a jugar. Es otra de mis rarezas, pero de eso hablaremos otro día (no quiero asustar).

P.D.: Sin embargo desde aquí, quiero agradecer a Ding Dang Do, por su paciencia en las infinitas veladas de backgammon, con las que le torturo cuando nos juntamos.
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