lunes, 7 de abril de 2008

El libro del búho (I)

Me he dado cuenta que hay algunos miembros del blog que se hacen los remolones a la hora de escribir. Tengo dos teorías para ello:

- No saben acerca de que escribir
- No encuentran tiempo para hacerlo. (Creo que es la más probable).

Par los del primer caso se me ha ocurrido una idea que va a facilitarles el tener que buscar algo sobre lo que escribir.

REGLAS

Se trata de ir escribiendo una historia por partes. Al final de su parte el que escribe elige a otro miembro del blog para que continúe la historia. Si esa persona no puede por la razón que sea que deje un comentario diciendo a quien le pasa el turno. En el peor de los casos escribiré la hisoria yo solo.Se tendrán que escribir alrededor de 100 palabras. A nuestro enviado especial en Londres Ding Dang Do le dejaremos escribir en inglés.

Cuando acabemos la historia le pondremos un título mejor que. A por el planeta (el premio literario no el mundo (esta vez si el planeta, no el periodico).

Solo dos requisitos para cada entrada:

- Titulo de la entrada: El libro del búho (y el número de parte que va)
- Poner en la etiqueta de la entrada: El libro del búho

Tengo curiosidad por saber que es lo que aporta cada uno. Tambien tengo muchisima curiosidad por saber si seremos capaces de continuar la historia con una cierta lógica.

Bueno, como es mi scartegoris, empiezo yo:

TITULO: EL LIBRO DEL BÚHO

Cap. I- La habitación desde dentro no parece tan bonita

La mañana era fría. No paró de llover en toda la noche. Abrió un ojo. Las 12:30.No había que trabajar. Eso estaba bien.
Oliver se había acostado tarde y muy borracho, aunque de esto último no estaba tan seguro, simplemente lo intuía por el espantoso dolor de cabeza y las ganas de vomitar.
Se levantó y, mientras iba a la cocina, pasó por el salón. “La fiesta tuvo que ser cojonuda” pensó al ver el sofá del revés. Al llegar a la cocina, croissants traídos de la panadería, y café recién hecho. Pero… ¿quién? No recordaba haber invitado a nadie a dormir y hasta donde su dolorida cabeza recordaba solo sus padres tenían llaves del piso; pero... estaban a más de 300 kilómetros.

….Continúa Juanita Castillo.
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