viernes, 6 de junio de 2008

No puedo volver a Barcelona...de compras

A lo mejor pensabais que mis desventuras en Barcelona acabaron con el pantalón roto. Pues no. Os preguntareis si es posible caer más bajo. La respuesta es si.

Una vez descubierto el problema (pantalón roto) surgió la imperiosa necesidad de encontrar la solución (comprar uno nuevo). Discurriendo un poco, decidí que no iba a gastarme mucho dinero, por lo que nos fuimos en busca de un ZARA que estuviera de guardia. Siendo de Bilbao pensé que iba a ser fácil ya que aquí pegas una patada a una piedra y la piedra es de la marca ZARA. Pero en Barcelona la cosa cambia, o por lo menos por la zona de Paseo de Gracia. Según empezamos a ver las tiendas...Hugo Boss...Channel...Armand Bassi... descubrí que la cosa no iba a ser tan fácil.

El caso es que ante la desesperación encontramos una tienda de cuyo nombre no quiero acordarme en la que los precios parecían razonables. Entre en busca de ese Santo Grial particular que para mi eran unos pantalones en los cuales los únicos agujeros fueran los de fábrica. En la planta de abajo encontré unos que parecía apropiados a mi esbelto cuerpo. Siempre he sido talla estándar pero creo que los tiempos han cambiado y la talla estándar es algo distinta. Una vez los tenía en mi mano me dirigí raudo y veloz, como no puede ser de otra forma, al provador. Me los pruebo y salgo para que Piso Piloto me diera su opinión. A partir de este momento la cosa se empieza a torcer. Veo que las lágrimas recorren sus mejillas, lo que provoca mi pregunta ¿QUÉ PASA?. A lo que ella responde: VAS MARCANDO.¡QUE VOY MARCANDO!. Efectivamente así era, lanzo una mirada de desesperación hacía abajo y veo que...PIN Y PON se encuentran algo incómodos en el interior del pantalón y sobresalen de tal forma que si me hubiera encontrado con alguien miope en esos momentos podría haber intentado sintonizar la AM/FM con uno y ajustar el volumen con otro. En casa siempre me habían dicho que era un poco HUEVON pero yo pensé que se referían a otra cosa.¡Que horror!- pensé- si me parezco a José Tomás recibiendo al toro a "porta gayola". Pero no conformé con la situación pensé...bueno quizás sea que el pantalón me queda pequeño. Esa es la razón por la que le pedí a Piso Piloto que dejase de llorar y me trajera una talla más. Aquí la cosa también se pone interesante, porque yo soy capaz de abstraerme de las circunstancias que me rodean con una facilidad pasmosa. De modo que mientras esperábamos los tres (YO, PIN Y PON) en lugar de meterme en el provador se me ocurre quedarme fuera y apoyado en la pared del probador. Claro según mi posición mis partes quedaron señalizando con ansía a un joven vendedor que se encontraba doblando la ropa. Lo de se encontraba es un decir porque enseguida dejo de doblar ropa, creo que alucinando en que un joven atractivo entrara con el pantalón roto y ahora estuviera en frente marcando paquete. No se si se alegro de verme pero lo que es seguro es que no pensaba verme...tanto.

-¡Eh tío! Que tengo cara y... ¡esta más arriba! Sabes, ¡Tengo sentimientos! No soy ningún trozo de carne. (Aunque...como trozo de carne no estoy mal).

El caso es que cuando apareció mi hermana con la nueva talla, me lo probé, vi que seguía pareciendo el caballo de Espartero y marché raudo y veloz con mi pantalón roto en busca de otra tienda y otro dependiente al que poner nervioso.

En fin todo esto es lo que me dieron tres días en Barcelona. Creo que no saldré de mi casa en mucho tiempo.

P.D.: Si alguién me pregunta por esto, lo negaré todo.
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