jueves, 5 de junio de 2008

No puedo volver a Barcelona

Lo prometido es deuda y ayer dije que os iba a contar porque no puedo volver a Barcelona.

Antes que nada aclarar que soy una persona patológicamente tímida y procuro hacer como los camaleones, camuflarme con el ambiente y pasar desapercibido, pero el día 31 de Abril Mayo de 2008 no lo conseguí. Ese día ha quedado marcado a fuego en la historia de Barcelona como el más importante después de San Jordi.

Todo iba perfectamente, habíamos aterrizado y después de pasar por el hotel decidimos ir a visitar el maravilloso Parque Güell El caso es que íbamos paseando por el parque yo por supuesto impecablemente vestido. Seduciendo a las alemanas, o como diría José Luis López Vázquez a las ALEEEEEEMAAAAANAS. A mi paso la gente giraba la cabeza para contemplarme en todo mi esplendor, hubo gente cuyas vértebras sonaban a mi paso. Pero cuando mi ego estaba tocando techo oí a mi espalda la voz de Piso Piloto que decía una frase que cada vez que la recuerdo yo, mis ojos y mi ego lloramos juntos:

-¡TIENES ROTO EL PANTALÓN!

En ese momento hinque las rodillas en el suelo al igual que Charlton Heston en el final del planeta de los simios y grité:


-¡NOOOOOOOOOOO, YO NO PUEDO TENER UNA RAJA EN EL CULO!( Quiero decir en el pantalón a la altura del culo.)

Tras estas palabras procedí a hacer la comprobación necesaria y efectivamente no solo descubrí que tenía roto el pantalón sino también mi ego. Desconcertado, toque la parte de atrás de mi pantalón y efectivamente tenía una raja en el culo(sigo queriendo decir que tenía una raja en el pantalón en la zona del culo). Podía tener el roto en el bolsillo ya que ahí otra tela debajo que me podía proteger; pero no, estaba justo al lado. Efectivamente, no había duda tenía una raja en el culo (del pantalón, se entiende).

Una vez descubierto el terrible acontecimiento cogí un jersey que llevaba y procedí a tapar la zona y salvar la poca dignidad que aún me quedaba. Trataba de averiguar en que momento se me había roto el pantalón y no era capaz de descubrir desde que momento había paseado mis nalgas por Barcelona. Todo en balde, había caminado desde la Sagrada Familia hasta el Parque Güell, y recorrido el parque y no era capaz de localizar el momento que iba a cambiar el resto de mi vida, era imposible, y había que asumirlo. Mi culo roto (el pantalón roto a la altura del culo) puede estar circulando a estas horas por las mejores páginas de la red.

Tratando de avergonzarme un poco menos pensé que mis nalgas estan de muy buen ver, redondas como melocotones y prietas como rocas. Pensé que no era tan terrible, al fin y al cabo nada más llegar a Barcelona nos encontramos con un tipo que llevaba el pantalón roto por todas partes y se le veían los calzoncillos de colorines que llevaba. En este momento de mi pensamiento, todo mi mundo se vino abajo, se abrieron grietas en el suelo que me llevaban a lo más profundo de la humillación pública que un hombre puede soportar con un mínimo de decencia: los calzoncillos. Estaréis pensando...¿Estaban sucios?...Ojala...¿No llevaba?...Casi. Cuando me acorde de los calzoncillos caí en la cuenta que ese día llevaba unos que son de un color marrón muy clarito, vamos tirando a color carne, con lo que la gente que me había visto pasear mi trasero por Barcelona estaría pensando que o no llevaba slips o que llevaba ....TANGA.
Desde este altavoz que es el blog, proclamo al mundo y a Barcelona en particular que SI QUE LLEVABA ROPA INTERIOR, simplemente los astros se conjuraron para tamaña fechoría.

Las circunstancias se dieron del modo que he explicado y así lo hago constar para evitar futuras malinterpretaciones.

Aclarado este asunto mañana os contaré porque no puedo volver a Barcelona...de compras.

P.D.: De todas formas os alegrará saber que el elemento que produjo la rotura del pantalón no provocó ninguna lesión de consideración en mis nalgas que siguen tan redondas, prietas y dignas de morder como siempre.

P.D2.: En solidaridad con mi desgracia pido que estas Navidades todo el mundo ponga un caganet en su Belén. Es el mejor homenaje que podéis hacer a mi desdicha. Disfrutad vosotros que yo ya no puedo.
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