domingo, 3 de agosto de 2008

Arzak (y II)

Bien, sentaditas y formales en nuestra mesa, admiramos la carta. Todo suena muy seductor. Decidimos ponernos en manos de Elena, que después de preguntarnos un par de cosas para hacerse una idea de nuestros gustos, tomó nota del menú a preparar. Mientras los manjares se gestan en la cocina, tomamos un cóctel divino (vino blanco, amaretto y lima, con hojitas de menta si no recuerdo mal). No recuerdo el nombre del somelier que, habiendo visto el menú que nos iban a preparar, nos hizo un par de sugerencias y eligió el vino perfecto.
Os diré que es imposible acordarse de todo lo que tomamos, me refiero a todos los pequeños detalles, pero casi mejor que sea así, crea un efecto mágico y misterioso...
Este es nuestro menú: (Me abstendré de poner "delicioso", "exquisito", "maravilloso", "espectacular" en cada cosa, pero sabed que asi fue)

Empedrado de trigo con remolacha
Congelado de humo con jugo de frutas
Fósil de verdel
Pollopera
Raiz de loto con mousse de arraitxiki
Higos con aceite de foie
Bogavante con aceite de oliva "extra blanco"
Del huevo a la gallina
Bonito parterre
Rape bronceado
Ternera con chufas aireadas
Pichón con puzzle de goji
Esmeraldas de chocolate con láminas de rosquillas
Sopa y chocolate "entre viñedos"
Piña asada pomposa
Dulce lunático
Y además, con el café, unas trufas de alubias, unas láminas del chocolate más delicioso que he probado en la vida, unas nomeacuerdoqué de chocolate y remolacha, y una especie sopa de menta con mousse de café...
Cuando se está allí no se puede hablar de otra cosa que no sea la obra que tenemos delante. Por respeto, lo primero. Y luego hay tanto que decir, que compartir... "Halaaaa, ¡prueba esto!" "Mmm...esto sabe a..." Además el efecto Arzak perdura durante horas, aún por la noche nos parecía estar allí todavía.
En mi entrada Top 50 escribí que comer en Arzak debía de ser como asistir a un espectáculo que además se puede comer. Y estaba en lo cierto. Pero no iba con ninguna idea previa, uno ha de ir con el paladar y el espíritu de los niños, dispuesto a dejarse sorprender, y para mi la gran sorpresa, la sensación absolutamente nueva es la conexión y equilibrio prefecto entre la más altisima sofisticación y los sabores tradicionales.
Es como descubrir un nuevo mundo, eso debe de ser lo que sienten mis hijos cuando prueban algo por primera vez.
Gracias otra vez, a todos los miembros del equipo-familia Arzak
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