miércoles, 9 de julio de 2008

El síndrome Flanders

Algunos ya sabéis de mi faceta Homeriana, por aquello del entusiasmo que me porducen lan tareas domésticas (Oda al polvo). Pero lo que hoy quiero contaros no tiene nada que ver. Se trata del síndrome Flanders, ese síndrome que nos afecta, en general a las mujeres, en cuanto somos madres. A algunas, entre las que me encuentro, casi desde el principio del embarazo. La ola de Flanderismo nos invade, y todo aquello que tiene que ver con el (en mi caso los) bebé (s) se convierte en "ito". Os ilustro:

- Hay que ir mirando el cochecito.
-¿Cómo vamos a pintar el cuartito del bebé?
- Ay, qué pijamita más mono he comprado, mira.
- Y también traigo estos pelelitos, patuquitos, gorritos, chaquetitas, leotarditos y bodies (esta se salva por anglófona)
- Más adelante ya comparemos vestiditos y pantaloncitos.
- ¡Mira qué braguitas de perlé para la nenita!
-Voy a darle tetita (aunque sea más bien tetón)
- Mira qué manitas, qué piececitos...
-OOOOhhhh ¡ha hecho caquitas! (una plasta anestesiante en toda regla, claro)
- Hale, al bañito!
- Mira el perrito!
-... y un largo etcétera que seguro que Portero comparte con nosotros dentro unas semanitas....

Pero que no cunda el pánico, es un síndrome pasajero, a medida que la criatura va creciendo, los itos empiezan a perder sentido (si es que alguna vez lo han tenido) y llega un día en el que una se da cuenta de que puede prescindir de ellos:

-Andaaaa termina la papillita de una vez... (este suele ser el primer aviso)
- No tires lo juguetitos, que no los voy a recoger (cuando aqui apetece decir "coño" es la prueba definitiva)
- Me cago en la putita ya, qué coñito te pasa esta mañanita que estás de un tontito.... (aun no se ha dado el caso de semejante grado de Flanderismo)

Pero bueno, como os digo, se pasa. Puede quedar algún que otro resto, como las estrías, vamos. Os dejo, voy a preparar la papillita para mis chiquitines...
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