martes, 21 de abril de 2009

Réquiem por un pub

El otro día cayó en mis manos por casualidad una revista de esas que dan con el periódico, donde hablan de los locales de moda en la ciudad, novedades, conciertos... GPS se llama, creo. Como muchos sabéis, mi ciudad natal es Bilbao, y allí es donde crecí y pací hasta hace unos años. Aprovechando un momento de dolce far niente me puse a hojear la revistilla. Sin mayor interés, me detengo en un artículo que habla de una nueva crepería que han abierto en el casco viejo, "Crep Attack" (por cierto, crep se escribe "crêpe", pero bueno). Mira qué bien, pienso, ya tengo yo ganas de ir a una crepería. De repente llego a las palabras que me descolocaron por un momento: "...ocupa el local del antiguo pub Sollube" Hubo unas décimas de segundo de "flash" y enseguida caí en la cuenta. El Sollube fue mi segunda casa durante muuuuucho tiempo, esos años en los que uno piensa que está mucho mejor en la calle que en casa.

Cualquiera que haya alternado por el Casco Viejo de Bilbao y que tenga más de 25 años lo conocerá sin duda, y puede que tenga tantos recuerdos como una servidora. Entré por primera vez a los 14 ó 15, cuando todavía me hacía ilusión parecer algo mayor, asi evitábamos que nos pidieran el DNI. Mi primer trago, el 43 con lima. Qué empalago, madre mía, cómo podíamos beber aquello. Eso si, una copa para 4, para toda la noche (vamos, hasta las 11 como mucho)

Aún recuerdo la celebración de mis 16, escuchando "Forever Young", y encantada por haber conseguido una horita más de permiso, jeje. Podíamos pasar allí toda la noche. Para qué ir a otro sitio si allí estábamos fenomenal... Fueron años de bailes, risas, borracheras, alguna que otra lagrimilla, amores, desamores, ligoteos imposibles, prácticas de camarera en la barra, conejillos de indias del nuevo cóctel inventado por el camarero de turno (de ahí las borracheras...) Pero sobre todo risas, muchas muchas risas.

La última vez que estuve fue hace tres años. El dueño aún me recordaba, qué gracia. El ambiente seguía siendo el mismo, solo que yo ya no estaba entre las jovencitas del local, sino entre los carrozones que llegan a partir de la una de la mañana.
Asi que adiós, Sollube, cómplice fiel y silencioso de tantas y tantas adolescencias turbulentas.

Un placer tenerte entre mis mejores recuerdos. Va por ti:


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