lunes, 24 de noviembre de 2008

Polvorón, polvorón...

"...Que estás en mis manos, que en mis manos estás polvorón..." Así decía una canción que nos cantaba una tía mía de pequeños, mientras jugábamos a pasarnos un povorón escondido entre las manos. El que lo tenía cuando acababa la canción, se lo comía, por supuesto. Qué agradables recuerdos, entrañables, navideños... Lamentablemente, me va a costar un tiempo volver a disfrutar tanto de este delicioso dulce tan nuestro. Os cuento porqué.
El otro día llegó a Villa Juanita una bolsa de polvorones, de esos al peso de marca blanca, que sin tener padre reconocido oficialmente, están deliciosos. "Juanita, date el capricho" me dije. Asi que elegí uno, al azar, para acompañar mi café vespertino. Cuando iba a proceder a despojarlo de su papel (poner "pelarlo" no me convence...)¿qué ven mis ojos? Contemplo con horror lo siguiente: "Información nutricional: Kcal por unidad: 147" Me detengo un momento, paralizada por la impresión... Pero...¿¿¿POR QUÉ??? ¿Por qué han tenido que decírmelo? Todo el mundo sabe que los polvorones no son el producto light por excelencia, todos sabemos que engordan, que engordan muchisimo además. Pero ¿qué necesidad tenemos de saberlo con tanta exactitud? Esto de la información nutricional está muy bien, pero para la lechuga, pechuga de pavo, pescadito.... O sea, para esas cosas que uno toma cuando se está cuidando, y se dice a si mismo: "ves? sólo X calorias" Pero ponerlo en los polvorones me parece de una crueldad tremendamente innecesaria.
De verdad. Qué ganas de llorar. Volviendo al momento del "crimen", ¿y ahora qué hago?-pensé. Joder, con lo que me apetece... Asi que le quité el papel, con los ojos cerrados, hice una bola (con el papel, se entiende) y la tiré a la basura. Y regalé a mi cuerpo serrano esas 147 innecesarias calorías... Estaba muy rico, si señor. Pero reconozco que no me supo igual que antes de saber con detalle la verdad. Es como la primera navidad cuando te enteras de que los reyes son... Ya me entendéis (no vaya a ser que me lea algún niño y que luego me odie)
De verdad, yo creo que no hacía falta. Ahora cuando voy al súper no me atrevo a pasar por delante de los turrones y demás. Tengo miedo, no quiero saber más. Quiero volver a mi feliz ignorancia parcial.
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