jueves, 8 de enero de 2009

¿Frío? ¿Qué frío?


Sí, sí, habéis leido bien, son signos de interrogación, no de exclamación. El panorama meteorológico está que arde, parece ser, bueno, más bien está que hiela. Al menos eso es lo que veo a diario en la tele. Que si ola de frío polar, que si nieve a nivel del mar... Eso está muy bien, en enero es lo que procede, pero os voy a contar lo que pasa desde que ha empezado el ¿frío?
Cuando voy a la calle, a hacer recados, pasear con los cachorrillos y demás, la conversación estrella con quienes me encuentro es el tiempo, hasta ahi nada de particular. La cosa es que, cuando mi interlocutor pronuncia las palabras mágicas "Vaya frío que hace, ¿eh?" me he sorprendido a mí misma varias veces respondiendo : "¿Si? Pues no noto yo tanto frío..."
Esto me dio que pensar, yo veía (veo) a todo el mundo cubiertos con abrigos, bufandas, guantes, gorros, orejeras, botas, incluso dando saltitos para entrar en calor. Y sin embargo, ni el más mínimo rastro de piel de gallina en mi serranísimo cuerpo. "Juanita, me dije, a ver si vas a tener un superpoder y no te has dado cuenta hasta ahora...."
Tras semanas de meditación y cierta preocupación he comprendido por fin qué pasa: haced la prueba de salir a la calle empujando un objeto de 37 kilos (silla+cachorrito1+cachorrito2), bordillos, cuestas, curvas... Añadid paraguas en caso de lluvia. Más apertura de puertas para entrar en los sitios, y luego para salir. Intentad entrar al supermercado y comprar algunas cosas (añadir al peso de la silla).
Asi que nada de superpoderes (qué pena, ya había empezado a hacerme ilusón...) Ya está resuelto el misterio de mi insensibilidad al frío. ¿Frío? ¿Qué frío?...
¡¡Si me paso el dia sudando!!
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